miércoles, 1 de mayo de 2013

Team GunKids: Capítulo 6

He tardado un poco, pero os puedo jurar que  creo que es lo mejor que he escrito en la vida. Necesito críticas duras y voraces para bajar a la Tierra, que luego se me sube a la cabeza y no mejoro...
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Las yemas de los dedos se me agarrotaban de frío y nerviosismo.
«Tranquilo, Danny. Si has sobrevivido a Eva, Charlotte es sólo un escaloncito más...»
Pero sin un plan y ante lo peligrosa que sonaba Charlotte en boca de todos, nadie podría estar tranquilo.
- Harry... ¿Me sugieres algo para no morir?
- No te preocupes, no te hará nada, sólo intimida un poco. Te aviso que no es como son generalmente las chicas, pero no es tonta. Si le ofreces salir de aquí haciéndole saber que yo corro la misma suerte, aceptará sin duda. No es... agradable con los desconocidos, estás avisado - me advirtió mientras nos llevaba al fondo del largo pasillo.
- ¿Que pasa, Dan? - se extrañó Eva.
No me había dado cuenta de que me llevaban 20 pasos, estaba enfrascado mirando por el ventanuco de una de las puertas. Mi dependencia.
- Yo pasé mi primer mes aquí. Solo. Haciendo problemas matemáticos.
- ¡VAYA HORROR! - replicó ella - ¿Y lo soportabas?
- Me entretenían... Para mí, son como crucigramas. Además, ¿Tenía alternativa? - enarqué una ceja: Si no lo soportaba y me negaba, llegaba un guardia y me pegaba.
- Cierto... Yo es la primera vez que vengo a esta zona, y creo que debería alegrarme - comentó con una nota de felicidad en la voz. Dejé aparte mis horribles recuerdos de este lugar y alcancé a los demás con un par de zancadas.
Poco antes del final del pasillo, Tickles se detuvo ante dos puertas metálicas del lado derecho.
- Eva, James y yo nos meteremos aquí por si hay que intervenir. Tú, Dan, entra por la de al lado - me indicó Harry. Todo parecía a puntar a que las puertas daban a dos lados de un espejo tintado. De su lado habría una mesa llena de pantallas y paneles, y del mío... Bastante peligro -. No hace falta que llames, no escucha cuando está aquí.
Respiré hondo, me refregué las manos contra los pantalones para secarme el sudor, sacudí los brazos y, tomando el pomo, entré.
No sé qué esperaba encontrar. Quizá una sala acolchada donde una persona despeinada y con ojeras gritara con la voz cortada de ira... O una enorme mesa en la que una niña, sentada en una silla de la que le colgaran los pies, estuviera jugando consigo misma una eterna partida de ajedrez... Pero no me esperaba lo que vi.
Era una estancia amplia, con un suelo de madera pulida y bañada por la luz neblinosa de las numerosas ventanas que había. No me esperaba que el espejo ocupara una pared entera, ni que estuviera atravesado por una barra a la altura de mi cintura. Ni siquiera me esperaba que sonara música. Pero estaba muy ocupado como para darme cuenta de mis expectativas... Porque la estaba mirando. A ella.
Ella, con una malla, medias y zapatillas de color negro, se deslizaba con garbo por aire y suelo intermitentemente. Bailaba.
Pero decir que bailaba no le hace justicia: Parecía ingrávida mientras giraba, saltaba, se mantenía recta y sin titubeos sobre la punta de un solo pie, poniendo las piernas en ángulo plano, volviendo a saltar... Como una sombra, cada vez que doblaba una pierna, extendía un brazo. Como un globo  en el que si pulsabas por un lado, salía un bulto correspondiente en el lado contrario para compensarlo.
Podría haberme quedado una vida entera contemplando su cuerpo danzante... pero se detuvo. Caminó hasta el reproductor que había en una esquina y lo apagó, para girarse hacia mí con lentitud.
- ...Hola - acerté a decir.
Sin decir palabra, se acercó un par de pasos a mí. ¿Me la imaginaba como una niña porque Tickles también lo era? ¿O porque todos le tenían miedo y las apariencias suelen engañar? El caso es que imaginé mal: Debía tener mi edad, media cabeza menos que yo, y las piernas largas y tan esbeltas como toda ella. Sobre su tez pálida brillaban un par de ojos del color azul del mar cuando el cielo despejado se cierne sobre él, las pestañas negras y rizadas, y un apretado moño en la coronilla del que se desprendían algunos tirabuzones dorados.
- ¿Quién eres? - Su voz era dulce, pero su tono congelaba el aire de mis pulmones... ¿Sería su tono lo que me ponía nervioso o...
- Dan. Daniel Forceman, me llaman..
- Phantom. Te conozco. ¿A qué has venido? No suelen venir externados a ver bailar a una Específica... - me cortó. Mi cerebro ya estaba funcionando.
«Muy lista. Habladora, por explicar así que sólo Tickles la visita. No confía en mí. Ha aludido a que estaba bailando. Parece ser orgullosa».
- Bueno, yo también fui Específico... ¿Bailas? No sabía que dejaran bailar... - comenté mientras me acercaba un paso a ella.
- Es como motivo de contención.
«Quiere asustarme, abusar del peligro que cree suponerme».
- ¿Te hacen bailar para evitar que mates? - pregunté, sin alterar la sombra de sonrisa que me asomaba por la cara.
- Se podría decir que sí... - echó un vistazo a la sala, girando lentamente sobre sí misma -  Treina y cuatro.
- ¿Treinta y cuatro?
- Sí, treinta y cuatro. Y me parecen muy pocas... - Al ver que enarcaba las cejas, me aclaró con su tono gélido - Mientras salto y hago piruetas no puedo contar cuántas formas tengo de asesinar a alguien en esta habitación.
Tragué saliva. «No, no abusa de nada. Sabe que me supone un peligro, y no lo está exponiendo. Si lo expusiera, yo estaría muerto de una de las 34 maneras posibles.
- ¿Te parecen pocas? - Si me desmoronaba, no podría convencerla de que se nos uniera.
- La media son ciento cuarenta y ocho. Las institutrices trabajaron meses en esta sala para lograrlo... - ¿Eso había sido un efecto de la luz o un asomo de sonrisa le acababa de cruzar la cara? - Vamos a dejar ese tema. ¿De qué quiere Tickles que me convenzas?
«Sólo Tickles sabe que baila. Sabe que no he venido a pasar el rato entre muerte y muerte».
- La verdad es que ha sido Harry quien me convenció a mí para venir... - Se acabó psicoanalizarla, ya llevábamos el tiempo menos holgado. Ella enarcó las cejas de forma inquisitiva - Quiere que te unas con nosotros a un equipo experimental del FBI, pero yo creo que tú no querrás.
- Si quiero o no es secundario. Lo que me interesa es por qué crees eso. - ¿Psicoanalizándome? Eso había que frenarlo.
- ¿Y si antes de nada me dices como te llamas? - sonreí abiertamente mientras me sentaba de piernas cruzadas.
- Ya lo sabes, has venido a visitarme y te ha traído Tickles... Pero sería descortés por mi parte que estuvieras en mi Dependencia y no me presentara - «¿Los aires de princesa se los da a propósito?» - Charlotte. No tengo apellido. No confío en ti lo suficiente como para decirte mi apodo - se presentó, mientras se alejaba un paso y se sentaba frente a mí.
«Se adapta a mi posición. Empieza a confiar».
- ...Yo sabía que eras lista, por eso pensé que no querrías venir si no te daba nada a cambio. - Ya sé qué necesita: Dime de qué presumes y sabré de qué careces.
- Si estás aquí, es que has encontrado algo que ofrecerme - apuntó.
- De hecho, me parece que ya sé qué trato hacer contigo... - Dije, mientras gateaba hacia ella, hasta quedar a Distancia Eva de su nariz chata.
- ¿Y bien? - pude notar un ligero titubeo en su tono frío: La tenía en el radio de acción.
Rocé su oído con mis labios al susurrar:
- Te protegeré.
Ella retrocedió con brusquedad hasta dar con el espejo:
- Yo... ¡Yo no necesito tu protección!
Volví a acercarme a ella, y acerqué peligrosamente mi nariz a la suya:
- De acuerdo. No necesitas mi protección. Pero si alguien ahí fuera se acerca a ti a esta distancia y te impide matarle de alguna forma, te juro que no conoces castigos suficientes como yo le haré sufrir. - ella cerró los ojos con fuerza.
- Si no te alejas no podré evitar desenroscar la barra de esta zona y darte un golpe mortal con ella.
- Puedes matarme, si quieres.
- No quiero. No de momento.
Me alejé y me levanté.
- ¿Es que ya confías en mí?
- Harry te admira y yo tengo fe en Harry. Si has jurado protegerme, sé que lo cumplirás.
Se me quedó mirando. Se había dado cuenta de que la estaba intentando convencer. Ella ya sabía lo que iba a hacer o decir antes de que lo hiciera... Y se dejó.
- Entonces... ¿Te vienes con nosotros?
- No me voy a quedar aquí si Tickles se va. Si no puedo protegerle, mataré al que me lo impida.
Le tendí una mano para cerrar el trato, pero ella la tomó y la usó para levantarse. Tenía las manos suaves y tibias. La solté cuando se hubo puesto en pie, y creí sentir que su mano permaneció un instante junto a la mia, no deseando separarse de ella.
«Yo tengo un problema con las chicas».
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Bueno, y no hay mucho más que decir... Tengo un poco más planeado, pero a partir de entonces ya estoy en blanco. Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo.
Marmelade kisses~! <3