sábado, 12 de octubre de 2013

Guioncitos milenarios

- Mucho tiempo sin poner guiones, ¿No? Os pediría disculpas, pero vuestros MILES de comentarios (NÓTESE LA IRONÍA) señalan que no me habéis misseado mucho.
- Nun y yo llevamos sin escribir juntas un tiempo (Nah, tampoco mucho, sólo un par de EONES [Hoy estoy sarcástica, fíjate]), porque estamos en cursos importantes y yo a penas doy abasto.
- Mi señora madre (Dios la bendiga) y yo estamos volviendo a tener problemas de los del tipo "Soy tu madre y quiero que te comuniques más contigo, pero cada vez que intentas comunicarte conmigo te nombro una por una y dos por dos tooooodas las cosas que yo hago y tú no/ yo hago bien y tú haces mal/ deberías estar haciendo". Un amor de mujer.
- Si especialmente en este blog estoy inactiva es porque tengo ahí un obstáculo a mi creatividad sin fin, y es que mi señora hermana (Dios no la bendiga tanto como a nuestra mami) me lee. Esto, damas y caballeros, es inquietante. Al final acabaré por borrar todo este tinglado porque me odia y quiere hundirme en la miseria y no se da cuenta de que esto lo escribo y no precisamente para nuestra familia más cercana. Y tal. (P.D.: Hola, Pepi, espero que ahora mismo no debas estar estudiando :3)
- Actualmente (Y FINALMENTE. DIOS, QUE BIEN SIENTA) no me gusta nadie. Y oye, es lo mejor que me ha pasado en la vida.
- A Blas (El de mis ultimos guiones y actual ex de Marry) parece haberle encantado la idea de, cada vez que pasa por delante de mi portal con sus deficientes amigos a juego con el, timbrar a mi piso, «A ver qué pasa». Hoy les habría tirado una huevera desde la ventana de no ser porque ceno tortilla. Se va a cagar.

Y hasta aquí mis guioncitos, espero que os acordéis de leerme de vez en cuando y de comentar, que uno de esos inútiles institutos de algún punto entre Norteamérica y Canadá ha demostrado que reduce el riesgo de padecer hemorroides ;D
¡¡Chiau chiauu!!

sábado, 10 de agosto de 2013

Team Gunkids: Capítulo 7

He tardado mucho, pero puedo deciros con todo orgullo que ya tengo planeado cómo seguir. O sea, ¡Que no aparco esta historia! Ay, me alegro tanto de ello... Vamos, leed, leed... *-*
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Salí de la dependencia de Charlotte con ella haciéndome sombra. Una vez más, el reto había sido una chica, y otra vez más, yo había salido perdiendo.
Me senté con James en las escaleras del ala Oeste, a las puertas de las Dependencias, mientras Eva iba al baño y Tickles acompañaba a Charlotte a cambiarse de ropa.
- Esos dos no se separan ni para cagar...
- Harry te va a montar un club de fans, Danny. Te vio psicoanalizar a Charlotte en directo y cree que has ganado la batalla psicológica - Obviamente, James había visto y entendido toda la escenita como si hubiera estado dentro de mi cerebro - En fin, que si fuera Eva ya te estaba...
- No hace falta que termines la frase. Me preocupa Charlotte.
- ¿Por qué? Si a mi no me...
Se abrieron las puertas y los tres integrantes que faltaban irrumpieron en la escalera, Charlotte con su moño y su uniforme blanco de preso a la cabeza de la procesión.
- Hablando de la Reina de Roma - Exclamó Jay con cierta condescendencia -, eres mucho menos peligrosa de lo que me...
No pudo terminar la frase, porque Charlotte lo alzó por el cuello y lo tiró por las escaleras, haciéndole descender una veintena de escalones, se puso a su altura y le clavó la bota en la mejilla contra el suelo.
- No te atrevas a menospreciarme. Un poco más de impulso y habrías muerto por un derrame cerebral del golpe.
- ¡Charlotte, para! Ahora estamos todos en el mismo equipo... - intervino Harry, rodeándonos a Eva y a mí con los brazos como podía.
En el acto, Charlotte retiró su pie de la cara de James, le ayudó a levantarse con cierto desdén y le acompañó a la cima de las escaleras, con nosotros.
- Si estamos todos juntos, la cosa es simple: Si tocáis a Tickles, os mato. ¿Entendido?
- Creo que no me voy a quejar de eso - refunfuñó Jay, sobándose la mejilla que tenía el suelo grabado.
- Yo no creo que me vayan a hacer daño, pero si con eso te quedas tranquila... - Aceptó Harry.
- Si tocáis a Charlotte, yo os mataré. - A ver si siguiendo con el rollo de protector me cogía confianza. Me fulminó con la mirada, esto no iba muy bien.
- Yo lo acepto si me dices por qué yo tengo que ponerme este horrendo mono naranja. Ir de blanco queda mucho más estiloso...
- ¿Te llamabas... Evangeline? - preguntó, de forma bastante menos fría de lo que la había escuchado hasta entonces. Sonaba... Con curiosidad. Sonaba hasta normal -. Es que pensaron que me volvería loca e intentaría suicidarme, y si disuelves el tinte del mono en la boca (Se necesitarían varios días) resultaría mortal. Por eso el mío no es de ningún color.
Harry tomó la palabra:
- Eh, si vamos a ser un equipo, tendremos que saber algo de cada uno, ¿No?
Yo sabía que ese niño tenía las cosas claras y el chocolate espeso. Y me iba a quitar el puesto de jefe a la primera de cambio.
- Bueno, pues yo me llamo Daniel, Dan para los amigos y Phantom para los presos, y... Bueno... Juego al fútbol, psicoanalizo a la gente... No se me dan bien las chicas, pero me gustan bastante. A más de una, me la tiraría. - Jay reprimió una carcajada, Eva me sonrió con complicidad, una sonrisa de esas de "Sí, nos pasa a todos".
- Yo me llamo Evangeline, toqueteo...
- Violas.
- Prefiero toquetear, James - Desde luego, ese par iba a dar problemas de convivencia. Ante la profunda mirada de Jay, suspiró - Está bien, violo gente, creo que mis aficiones serían salir de compras y un deporte como el hockey... Y me gusta la gente con actitud, o sin ella. No hago muchas distinciones. Toqueteo lo que pillo - Sonrió. ¿Quién a parte de ella podría hacer que esa frase sonara encantadora?
- Yo soy James, creo que soy el único que no necesita un psiquiatra, de pequeño me gustaba el rugby y leer el periódico...
- ¿Con cuatro años?
- Sí, Lindsay, con cuatro años. No me gusta que me interrumpan... - Eva le dedicó una mirada de «Pues interrumpir sí que te place» - y robo. Bueno, no robo. Lo que yo hago es Arte. Y, bueno, también rajo gente, pero eso no es arte.
- Yo soy Harry, juego con el ordenador, me gusta...
- ¿Juegas? Te creaste un acceso directo a la Intranet del Pentágono - A Jamie se le había olvidado que otro de sus hobbies era presumir de la información que tenía.
- Sí, bueno, para mí es un juego, eso de programar cracks para cortafuegos y decodificadores de contraseñas, y unir aparatos entre ellos se parece más al Tetris de lo que te crees. También me gusta jugar al ajedrez y leer.
- ¿Ajedrez? - Inquirí -. Yo sé jugar, a ver si un día te echo una partidita.
A Harry se le encendió la mirada.
- Cuando quieras.
Charlotte carraspeó.
- Yo soy Charlotte.
-... ¿Y bien? - Eva no aguantaba aquel silencio.
- Y bien, ¿Qué? - Realmente, Charlotte parecía no comprender.
- ¿Por qué... estás en el Instituto?
La rubia cerró los ojos con fuerza, como si hubiera recibido una bofetada.
- Digamos que por sobrevivir.
- Y... ¿Cuáles son tus aficiones? - Yo también quería ser chica. Las chicas podían hablarse entre ellas y todo tan genial, pero si llego a hacer yo las preguntas, patada en la cara como mínimo.
- Mmm... Me gusta bailar. Y sacar fotos.
- ¿Hay algo de ti que creas que necesitamos saber?
- ... Inconscientemente, cuento el número de formas de cometer un asesinato en el cuarto en el que estoy.
- Y eso, ¿Por qué? - A Eva le reconcomía la curiosidad.
- Bueno... Me distrae de pensar en quién emplearlas.
- Hum... Cierto. Y, oye, ¿Sabes que he visto un armario en las Específicas con una puerta estupenda? Igual hasta soportaría tu peso si te empo...
- Ah, no, Lindsay. Por ahí no vamos a pasar -. La corté, separándola con un brazo de la otra chica. Lo de llamarla Lindsay era contagioso - Vale, la norma es que cada miembro de este equipo tiene prohibido... ehm... Emplear su «Especialidad» con otros miembros - Como no parecía haber quedado muy claro, me dirigí a cada uno-: James, nada de robar a los demás. Sólo info.
- Vale. De todas todas, sabes que me van más los museos y los bancos, ratear a la gente es vulgar.
- Eva, ni se te ocurra violar a nadie.
- Oh, vamos, ¡Si os lo hago de coña! Ahora que me llevo con vosotros me daría cosa. No sé, es que ahora os tengo como... Cariño - Sonrió -. Aunque claro, si alguno quiere algo... - se volvió a acercar a mí, pero Charlotte se puso en el medio (Para mi sorpresa):
- Yo no os mato si no hacéis daño a Tickles, y él no creo que quiera hackearos el PC - aclaró, manteniendo a Eva a un brazo de distancia de ella (Y de mí). Y tú, Phantom. Nos psicoanalizas de forma inconsciente, así que no se te puede prohibir. Conque vigiles a los demás, bastará - «Pues no era Harry el único con dotes de líder».
- ¡Vale! - Les dirigí una de mis sonrisas consideradas escandalosamente encantadoras y me froté las manos -. ¿Nos vamos ya, entonces?
El brillo de los ojos que adquirían los de Harry al ilusionarse pareció contagiarse al resto del grupo.
- Cuanto antes, mejor - Eva esbozó una sonrisa.
- No me lo creo - Harry se abrazó a la cintura de Charlotte, emocionado.
- Va - Se limitó a decir James, con los párpados tensos sobre los ojos mientras se concentraba. Hasta a mí me costó no llorar en mi puesta en libertad.
Charlotte suspiró, mirando al techo. Intentaba parecer serena, pero el breve mordisco que dio a su labio inferior la traicionó.
- ¿...Abrazo de presos antes de ponernos en marcha? -propuse.
Y allí, a las puertas del Departamento más peligroso del reformatorio infantil más conflictivo; una violadora, una asesina, un ladrón, un hacker y un traficante de influencias (Y de varias cosas más) nos abrazamos.
«Esto va a ser, en dos palabras, IM-PRESIONANTE».
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Oh, sí, va a ser impresionante. Sobre todo ahora que tengo una ayudante para la trama (Una despechada fujoshi de la vida, pero una ayudante al fin y al cabo). Como siempre, comentadme cualquier cosa que mole o que sea rara o que esté mal hecha (O que esté bien hecha), o simplemente vuestra opinión ^^.
¡Os love~!

miércoles, 1 de mayo de 2013

Team GunKids: Capítulo 6

He tardado un poco, pero os puedo jurar que  creo que es lo mejor que he escrito en la vida. Necesito críticas duras y voraces para bajar a la Tierra, que luego se me sube a la cabeza y no mejoro...
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Las yemas de los dedos se me agarrotaban de frío y nerviosismo.
«Tranquilo, Danny. Si has sobrevivido a Eva, Charlotte es sólo un escaloncito más...»
Pero sin un plan y ante lo peligrosa que sonaba Charlotte en boca de todos, nadie podría estar tranquilo.
- Harry... ¿Me sugieres algo para no morir?
- No te preocupes, no te hará nada, sólo intimida un poco. Te aviso que no es como son generalmente las chicas, pero no es tonta. Si le ofreces salir de aquí haciéndole saber que yo corro la misma suerte, aceptará sin duda. No es... agradable con los desconocidos, estás avisado - me advirtió mientras nos llevaba al fondo del largo pasillo.
- ¿Que pasa, Dan? - se extrañó Eva.
No me había dado cuenta de que me llevaban 20 pasos, estaba enfrascado mirando por el ventanuco de una de las puertas. Mi dependencia.
- Yo pasé mi primer mes aquí. Solo. Haciendo problemas matemáticos.
- ¡VAYA HORROR! - replicó ella - ¿Y lo soportabas?
- Me entretenían... Para mí, son como crucigramas. Además, ¿Tenía alternativa? - enarqué una ceja: Si no lo soportaba y me negaba, llegaba un guardia y me pegaba.
- Cierto... Yo es la primera vez que vengo a esta zona, y creo que debería alegrarme - comentó con una nota de felicidad en la voz. Dejé aparte mis horribles recuerdos de este lugar y alcancé a los demás con un par de zancadas.
Poco antes del final del pasillo, Tickles se detuvo ante dos puertas metálicas del lado derecho.
- Eva, James y yo nos meteremos aquí por si hay que intervenir. Tú, Dan, entra por la de al lado - me indicó Harry. Todo parecía a puntar a que las puertas daban a dos lados de un espejo tintado. De su lado habría una mesa llena de pantallas y paneles, y del mío... Bastante peligro -. No hace falta que llames, no escucha cuando está aquí.
Respiré hondo, me refregué las manos contra los pantalones para secarme el sudor, sacudí los brazos y, tomando el pomo, entré.
No sé qué esperaba encontrar. Quizá una sala acolchada donde una persona despeinada y con ojeras gritara con la voz cortada de ira... O una enorme mesa en la que una niña, sentada en una silla de la que le colgaran los pies, estuviera jugando consigo misma una eterna partida de ajedrez... Pero no me esperaba lo que vi.
Era una estancia amplia, con un suelo de madera pulida y bañada por la luz neblinosa de las numerosas ventanas que había. No me esperaba que el espejo ocupara una pared entera, ni que estuviera atravesado por una barra a la altura de mi cintura. Ni siquiera me esperaba que sonara música. Pero estaba muy ocupado como para darme cuenta de mis expectativas... Porque la estaba mirando. A ella.
Ella, con una malla, medias y zapatillas de color negro, se deslizaba con garbo por aire y suelo intermitentemente. Bailaba.
Pero decir que bailaba no le hace justicia: Parecía ingrávida mientras giraba, saltaba, se mantenía recta y sin titubeos sobre la punta de un solo pie, poniendo las piernas en ángulo plano, volviendo a saltar... Como una sombra, cada vez que doblaba una pierna, extendía un brazo. Como un globo  en el que si pulsabas por un lado, salía un bulto correspondiente en el lado contrario para compensarlo.
Podría haberme quedado una vida entera contemplando su cuerpo danzante... pero se detuvo. Caminó hasta el reproductor que había en una esquina y lo apagó, para girarse hacia mí con lentitud.
- ...Hola - acerté a decir.
Sin decir palabra, se acercó un par de pasos a mí. ¿Me la imaginaba como una niña porque Tickles también lo era? ¿O porque todos le tenían miedo y las apariencias suelen engañar? El caso es que imaginé mal: Debía tener mi edad, media cabeza menos que yo, y las piernas largas y tan esbeltas como toda ella. Sobre su tez pálida brillaban un par de ojos del color azul del mar cuando el cielo despejado se cierne sobre él, las pestañas negras y rizadas, y un apretado moño en la coronilla del que se desprendían algunos tirabuzones dorados.
- ¿Quién eres? - Su voz era dulce, pero su tono congelaba el aire de mis pulmones... ¿Sería su tono lo que me ponía nervioso o...
- Dan. Daniel Forceman, me llaman..
- Phantom. Te conozco. ¿A qué has venido? No suelen venir externados a ver bailar a una Específica... - me cortó. Mi cerebro ya estaba funcionando.
«Muy lista. Habladora, por explicar así que sólo Tickles la visita. No confía en mí. Ha aludido a que estaba bailando. Parece ser orgullosa».
- Bueno, yo también fui Específico... ¿Bailas? No sabía que dejaran bailar... - comenté mientras me acercaba un paso a ella.
- Es como motivo de contención.
«Quiere asustarme, abusar del peligro que cree suponerme».
- ¿Te hacen bailar para evitar que mates? - pregunté, sin alterar la sombra de sonrisa que me asomaba por la cara.
- Se podría decir que sí... - echó un vistazo a la sala, girando lentamente sobre sí misma -  Treina y cuatro.
- ¿Treinta y cuatro?
- Sí, treinta y cuatro. Y me parecen muy pocas... - Al ver que enarcaba las cejas, me aclaró con su tono gélido - Mientras salto y hago piruetas no puedo contar cuántas formas tengo de asesinar a alguien en esta habitación.
Tragué saliva. «No, no abusa de nada. Sabe que me supone un peligro, y no lo está exponiendo. Si lo expusiera, yo estaría muerto de una de las 34 maneras posibles.
- ¿Te parecen pocas? - Si me desmoronaba, no podría convencerla de que se nos uniera.
- La media son ciento cuarenta y ocho. Las institutrices trabajaron meses en esta sala para lograrlo... - ¿Eso había sido un efecto de la luz o un asomo de sonrisa le acababa de cruzar la cara? - Vamos a dejar ese tema. ¿De qué quiere Tickles que me convenzas?
«Sólo Tickles sabe que baila. Sabe que no he venido a pasar el rato entre muerte y muerte».
- La verdad es que ha sido Harry quien me convenció a mí para venir... - Se acabó psicoanalizarla, ya llevábamos el tiempo menos holgado. Ella enarcó las cejas de forma inquisitiva - Quiere que te unas con nosotros a un equipo experimental del FBI, pero yo creo que tú no querrás.
- Si quiero o no es secundario. Lo que me interesa es por qué crees eso. - ¿Psicoanalizándome? Eso había que frenarlo.
- ¿Y si antes de nada me dices como te llamas? - sonreí abiertamente mientras me sentaba de piernas cruzadas.
- Ya lo sabes, has venido a visitarme y te ha traído Tickles... Pero sería descortés por mi parte que estuvieras en mi Dependencia y no me presentara - «¿Los aires de princesa se los da a propósito?» - Charlotte. No tengo apellido. No confío en ti lo suficiente como para decirte mi apodo - se presentó, mientras se alejaba un paso y se sentaba frente a mí.
«Se adapta a mi posición. Empieza a confiar».
- ...Yo sabía que eras lista, por eso pensé que no querrías venir si no te daba nada a cambio. - Ya sé qué necesita: Dime de qué presumes y sabré de qué careces.
- Si estás aquí, es que has encontrado algo que ofrecerme - apuntó.
- De hecho, me parece que ya sé qué trato hacer contigo... - Dije, mientras gateaba hacia ella, hasta quedar a Distancia Eva de su nariz chata.
- ¿Y bien? - pude notar un ligero titubeo en su tono frío: La tenía en el radio de acción.
Rocé su oído con mis labios al susurrar:
- Te protegeré.
Ella retrocedió con brusquedad hasta dar con el espejo:
- Yo... ¡Yo no necesito tu protección!
Volví a acercarme a ella, y acerqué peligrosamente mi nariz a la suya:
- De acuerdo. No necesitas mi protección. Pero si alguien ahí fuera se acerca a ti a esta distancia y te impide matarle de alguna forma, te juro que no conoces castigos suficientes como yo le haré sufrir. - ella cerró los ojos con fuerza.
- Si no te alejas no podré evitar desenroscar la barra de esta zona y darte un golpe mortal con ella.
- Puedes matarme, si quieres.
- No quiero. No de momento.
Me alejé y me levanté.
- ¿Es que ya confías en mí?
- Harry te admira y yo tengo fe en Harry. Si has jurado protegerme, sé que lo cumplirás.
Se me quedó mirando. Se había dado cuenta de que la estaba intentando convencer. Ella ya sabía lo que iba a hacer o decir antes de que lo hiciera... Y se dejó.
- Entonces... ¿Te vienes con nosotros?
- No me voy a quedar aquí si Tickles se va. Si no puedo protegerle, mataré al que me lo impida.
Le tendí una mano para cerrar el trato, pero ella la tomó y la usó para levantarse. Tenía las manos suaves y tibias. La solté cuando se hubo puesto en pie, y creí sentir que su mano permaneció un instante junto a la mia, no deseando separarse de ella.
«Yo tengo un problema con las chicas».
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Bueno, y no hay mucho más que decir... Tengo un poco más planeado, pero a partir de entonces ya estoy en blanco. Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo.
Marmelade kisses~! <3

lunes, 22 de abril de 2013

Team Gunkids: Capítulo 5

Oh, sí. Al que se queje de los 3 caps en 4 días le mando a los personajes, ¿Eh? La verdad es que en este no me autocritico, creo que está bien :3
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- Conque queréis reclutar a Tickles... - comentó Eva, que como se acababa de convertir en parte del equipo, decidió acompañarnos - Mola: Necesitamos a alguien lo suficientemente listo como para encontrarnos una utilidad...
- ¿Te estás llamando inútil, Eva? - ironizó Jay.
- No, te lo estoy llamando a ti. Que no te hayas dado cuenta lo demuestra. Menos mal que estás bueno, que si no...
- Haya paz, ¿Eh? Que yo sepa, ninguno de los tres serviría para nada en el FBI. A ver si él puede echar una mano, aunque sea... - atajé mientras torcía hacia el pasillo de las celdas de chicos.
- La pega de Tickles es... - comenzó Eva. No acabó la frase porque la zona de las celdas de chicos solía impresionar: Una especie de pasillo con las dimensiones de una catedral contenía 4 pisos de celdas enfrentadas, con un ancho espacio pavimentado entre ellas que hacía las veces de gimnasio.
Accedimos al primer piso por una estrecha escalinata de hormigón cercana a la puerta, y atravesamos el pasillo hasta casi el fondo de la sala; donde la celda de Harry, con la placa 058A... Estaba vacía.
- ¿Dónde puede estar a estas horas? - pregunté - Son las cuatro menos veinte...
- Con la pega de reclutarle - Eva esbozó esa enigmática sonrisa que ponían todas las chicas y que te gritaba al oído "¡PREGÚNTAME, SABES QUE TIENES CURIOSIDAD!". No pude resistir la tentación:
-Sabes que quieres decirlo, y sabemos que nos lo vas a decir.
- Me parece flipante que la Ratita presumida no lo sepa - suspiró, mirando con sorna a Jay -, pero supongo que sabrá a grandes rasgos quién es Charlotte...
Jay tragó saliva con nerviosismo.
- ¿James?
- Harry y Charlotte llegaron a la vez al Instituto, y se llevan y protegen como hermanos. Pero supongo que Lindsay sabrá por qué te llaman Phantom... No será muy difícil convencerlo de que se nos una.
- El problema no es Harry. El problema es Charlotte, ¿No te das cuenta?
- El que no se da cuenta soy yo: ¿Y si me explicais mientras seguimos buscándole? - Propuse. Yo me había ido antes de que Harry y Charlotte entraran, así que sólo sabía de Harry lo que Jay me explicó... Y de Charlotte, ni eso.
- A ver... Nadie sabe nada de antes de que los encontraran, pero llegaron a Goldenfield juntos y los separaron, porque Tickles no es peligroso - Comenzó Jamie mientras desandábamos el camino entre las celdas de chicos y el comedor.
- ¿Charlotte es peligrosa?
- Charlotte es capaz de violarme a mí - Replicó Eva - Y mira que yo conozco todas las técnicas habidas y por haber...
- Pero de todas formas... -la corté: lo último que quería oír eran las formas que tenía de arrastrarme al armario de las escobas - Si los separaron, ¿No importaría que nos lleváramos a Harry, no?
- Dan, Charlotte no está con las demás chicas, está en las dependencias específicas - me advirtió James. Di media vuelta y volvimos a enfilar hacia el comedor. Tras 10 minutos de escaleras y pasillos, llegamos a la séptima planta del ala Oeste: Las dependencias especializdas. Y justamente saliendo por la puerta que unía las dependencias con las escaleras...
- ¡Harry! Te estaba buscando... - exclamó Eva, yendo hacia él con la misma intención de llevarle al armario de las escobas que (al parecer) tenía ante todo el mundo.
- Eva, ¿No te he dicho ya que soy virgen y quiero seguir siéndolo? - respondió él. Con tan sólo 11 años y, calculo, metro y medio de estatura, Harry tenía un temple ante Eva que ya me habría gustado tener a mí. Tenía la piel clara y salpicada de pecas, los ojos castaños con pequeñas pintas verdes y una nube de rizos de color castaño claro le redondeaba la cara. Se me parecía mucho al tío Bob.
- ¡Hola, James! ¿Qué haces por aquí con Eva? - se giró hacia Jay, haciéndome perder toda la sensación de madurez prematura que me había provocado con un tono juguetón y saltando ligeramente con las puntas de los pies.
«Bipolar. Lo que me faltaba»
- ¡No soy bipolar! Lo que pasa es que no quiero parecer un niño estirado y sabelotodo todo el rato... - suspiró, mirándome con reproche pero sin un ápice de puerilidad en la voz. ¿Lo había dicho en alto o...? No, nunca digo esas cosas en alto. Probablemente soliera toparse con esa situación.
- Oh. Bueno, entonces vale. Me llamo Dan - sonreí, tendiéndole la mano.
- ¿Eres Phantom? James me ha hablado de ti, siempre había querido ponerle cara a la leyenda de Goldenfield... - Ese niño era demasiado adorable. Sólo faltaba que me llamara "Señor". Me estrechó la mano, y volvió a sus trece - ¿Y qué os trae por las Específicas?
- Te estábamos buscando... Para sacarte del Instituto - atajó Jamie.
- Sólo tendrías que encontrarnos utilidad en el FBI - rió Eva.
- ¡Vaya! ¿Salir de aquí... Para siempre? ¿Y no volver? - le brillaron los ojos. «Yo ahora mismo le apuntalaba la cabeza al suelo al que osó encerrar a un niño de 11 años tan adorable en un reformatorio».
- ¿Entonces... querrías? - Le pregunté, sin poder reprimir una sonrisilla triunfal: ¡Había sido tan fácil...!
- ¡Por supuesto! Pero... No quiero dejar aquí a Charlotte... - contrapuso, desviando la mirada al suelo.
- Bueeeno... ¿Si tú se lo pidieras, crees que accedería a venirse?
- ¿CHARLOTTE TAMBIÉN PUEDE?
Su exclamación de euforia fue tan alta que resonó en las celdas masculinas. Mientras nos conducía canturreando por el largo pasillo de Dep. Espec. (Como rezaba el cartel), me preparaba mentalmente para el reto más difícil de mi vida. Ese reto, como los demás que le seguían en dificultad... Era una chica.
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Pues eso. Que en el próximo viene lo MEJOR. Disfrutadlo, porque a partir de ahi no tengo ni IDEA DE COMO SEGUIR. Si veis que teneis ideas, ya sabéis :3
Chiau Pescaaaau~ ^^

miércoles, 17 de abril de 2013

Team GunKids: Capítulo 4

Lo prometido es deuda: Igual no ha quedado tan genial como quería que os merecierais, pero también he tardado poquito ^^
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El chillido sonó algo parecido a "NONONONONONONONONONOJAAAAMIEEEEEEE"
- Mmm... ¿Lindsay? [N.A.: Pronunciado /'Linsi/] - preguntó James al bulto con mono naranja que temblaba detrás de él - ¿Qué estás haciendo hoy?
Yo no conocía ninguna Lindsay, y la tupida melena pelirroja que pude intuir en el bulto tembloroso acuclillado detrás de Jay no me sonaba, así que debía ser una de aquellas nuevas.
- ¿¿¿DÓNDE SE HA METIDO??? - Exclamó un vozarrón que sí que conocía desde el pasillo por el que llegó Lindsay. Al oír la voz, ésta tembló con mayor intensidad.
- Quítamelo de encima, por Dios... - suplicó a James.
- ¿Danny? ¿Te apetece...?
- Descuida - sonreí, enderezándome. La voz se acercaba acompasadamente con unos reverberantes pasos, pero como yo estaba pensando no me paré a escuchar lo que decía.
- Cuando la pille... ¡EH, ZORRA INMUNDA! - exclamó el dueño de la voz: Complexión potente, piel aceitunada, cara de malas pulgas y cresta mohicana con las puntas rojas: Robert.
Si James se había equivocado alguna vez, claramente fue cuando dijo que todos los internos valían para el FBI: Robert padecía imbecilidad profunda, y además no lo admitía. Su forma corporal de armario musculoso era todo lo que creía necesitar, a parte de a sus dos... Esbirros. Fred, un esmirriado chico pálido de pelo negro cortado a tazón y gafas de culo de vaso, era el sensato; y Vince, que era bajito y rechoncho, con el pelo rubio rapado al cero... Parecía su cerdo vietnamita mascota, no servía para nada más. La verdad es qie jamás entendí qué hacía en el Instituto.
Lindsay  temblaba cual flan en un terremoto, lo que no pareció importar en absoluto a Robert, que la agarró con sus curtidas manos de matón por los pelos, sacándola de detrás de Jay. Cuando la Rata Jamie no se movía, era mi momento de actuar:
- Vaya, vaya, Rocky. ¿Es que no puede uno tomarse unas vacaciones sin que intentes esmagar a alguien? - Di un paso adelante hacia él, manteniendo mi sonrisa de autosuficiencia.
- ¡Ho-hombre! P-p-pero s-si es P-p-phantom... - titubeó. Olvidaba decir que me tenía respeto porque le podía, aún llevándome 2 años y 15 kilos sobrados.
- Suelta a la chica, Rocky - ella edtaba colgando por el pelo a dos palmos del suelo - Sabes que me molesta que hagas daño a chicas... - añadí, condescendiente.
- P-pero... ¡Ella no es como cr...!
- Te he dicho que la sueltes.
- ¡Pero...! - intercedió Fred
- ¿Quieres pelea, Robbie? - suspiró James, apoyado contra una pared mientras se miraba distraídamente las uñas mordidas - Porque llevo tiempo sin practicar, y con el pellejo de tus amiguitos me puedo hacer unos guantes de boxeo realmente...
- ¡ESTÁ BIEN! Vámonos, chicos - indicó, soltando a la  chica, que volvió de nuevo tras la espalda de Jamie - ¡COMO TE PILLE, FURCIA ASQUEROSA, JURO QUE TE...!
- ... Confortables. Y lo que sobre de ellos lo hago tiras y lo envío al Kebab más cercano - terminó James, que había clavado sus penetrantes ojos en Robert con una expresión mezcla de sorpresa y enfado fruto de la (Heréjica) interrupción de su amenaza.
En Goldenfield, las amenazas como esa iban en serio. SIEMPRE. Y más viniendo de James.
El trío de matones decadentes palideció, y tras retroceder lentamente, como empujados por la mirada de James, pusieron cuarta y se perdieron de vista.
- Lindsay, ya me debes otra más... - le recriminó Jay, cuando ella se irguió sonriendo.
- Seh, bueno, te la debería si tú no dejaras de llamarme Lindsay. Sabes que lo odio... - Igual flipé un poco con aquel cambio radical: La que me había parecido una débil chiquilla asustada y trémula había puesto contra una pared a James sin siquiera tocarlo, y dijo la última frase a 3 centímetros de sus labios.
- Eh, oye, que a mí también me debes una... - le recordé, llamando su atención por primera vez y aliviando al pobre Jamie de la presión que la chica ejercía sobre él.
Ahí fue cuando me fijé en ella de verdad por primera vez: tenía el pelo castaño rojizo poco más que ondulado, un pálido rostro ligeramente afilado, iluminado por unos ojos almendrados de un brillante color marrón, nariz redondeada y labios finos, que esbozaban una sonrisa impecable.
Era... Bastante mona.
- No te conozco, ¿Eres nuevo? - Inquirió, acercándose a mí con andares delicados, pero con un paso tan decidido que yo también quedé empotrado contra la pared - Yo... Me llamo Evangeline - sonrió de nuevo a escasos centímetros de mí, mirándome a los ojos (O más bien DEVORÁNDOME con ellos), mientras acariciaba mi cuello en dirección descendente con tal delicadeza que sólo me rozó con un par de dedos y deteniéndose en mi pecho.
"Danny, contrólate. Sólo es una chica"
La respiración se me estaba acelerando, y ya llevaba como diez minutos sin peinarme el flequillo.
- Me suelen llamar Eva, y... ¿Sabes qué? Conozco un almacén en esta ala en el que nadie podrá oírnos... - añadió en un susurro, mientras acercaba aún más sus labios a los míos, deslizaba su mano hacia abajo... Y la detenía en un sitio en el que ninguna mujer antes lo había hecho.
Se me estaba acelerando el pulso, y eso no era nada bueno porque el riego de sangre excesivo ahí abajo era algo que yo quería evitar a toda costa, así que me armé de templanza y...
- Yo me llamo Daniel, te dejo llamarme Dan y creo que hoy no quiero ser violado - respondí, agarrándola de los hombros y alejándola de mí.
- Bueno, tú te lo pierdes - sonrió con un guiño de ojo, usando un tono de voz, una sonrisa y una mirada bastante más normales y encantadores.
- Evangeline. Eva. Violación física, sexual y psicológica. Múltiple. Es bisexual. Y como puedes comprobar, es tan zorra que la llamo Lindsay porque es nombre de prostituta - indicó Jay de carrerilla, mientras seguíamos caminando por el pasillo del que salió Eva, acompañados por ella.
- Y mi color favorito es el coral, que no se te olvide - puntualizó ella.
- ¿Y qué te pasó con Rocky?
- Estaba aburrida... Le fui a buscar para meterle ficha, me hizo enfadar y... Le exprimí los limones - explicó a James, como si ir a calentar a alguien por aburrimiento y estrujarle los hijos fuera el pan de cada día - ¿Y qué os trae por esta ala? Si tú eres Phantom, estás reinternado, ¿No? Eres una leyenda aquí...
- ¿Alguna vez has visto una peli de ladrones y casinos, Rata? - inquirí. Tiendo a no contar mis planes, pero James era capaz de entenderme hasta por señales de humo. Y yo no sé hacer señales de humo.
- ¿Estás seguro de...? - comenzó él.
- Bastante. Además, me cae bien...
- Chicos, si estais planeando una orgía, llamadme con tiempo y explicadme las cosas claras.
- Eva, ¿Colaborarías con el FBI en equipo con nosotros a cambio de salir de aquí? - murmuré.
- Por salir de esta cárcel de estofados mal hechos, monos que no realzan mis virtudes y carencia de tortilleras, me pongo cinturón de castidad - exclamó - Bueno, igual tanto como cinturón de castidad no, pero... No sé, me pongo falda larga - rectificó ante la mirada de escepticismo de Jay.
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Y hasta ahí. Adoro a Eva, os lo juro, la tengo curradísima en la cabeza y ha entrado pisando tan fuerte como le corresponde. En el próximo ya llega Harry... Y atisbamos un trocito del último y más apoteósico fichaje... CHIAN CHIAN CHIANNNNN :3
Hasta otro gudbai ^^

domingo, 14 de abril de 2013

Team GunKids: Capítulo 3

He tardado. MUCHO. Y el capítulo no hace justicia a lo que prometí. De hecho, creo que está mal publicar semejante mierda. Pero algo tenía que hacer para demostrar que aún no me ha besado un dementor. Pojeso, que ahí tenéis: Un capítulo sin sustancia ninguna para vosotras solitas:
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- ¡Eh, tú! O coges estofado o no comes - gruñó la gruesa cocinera de ademanes de camionero (Lo más parecido a una madre cariñosa que te puedes encontrar en el Instituto) a un niño de no más de 12 años que obedeció inmediatamente.
Gracias a la cocinera, en cuestión de segundos volvía a reinar el bullicio típico en un comedor. Bueno, en un comedor de cárcel, al menos. Cogí una anodina bandeja gris, un cuchillo sin filo, un tenedor de puntas redondas, una cuchara (El único cubierto decente), una servilleta y lo coloqué todo sobre la primera. Luego, deslicé la bandeja por el raíl, deseando con todas mis fuerzas que James hubiera cambiado de fuentes informativas. Pero al terminar de coger estofado gris con yogur a juego, eché un vistazo por las mesas y me di cuenta de que no.
"El sitio de siempre, las fuentes de siempre"
- Rata. Hazme un sitio - saludé con el tono monocorde que usábamos en público.
- ¿Qué has hecho esta vez? - Preguntó él con el mismo tono (Que él usaba siempre, por lo que no le costaba usarlo), clavando sus ojos en los míos. Con el pelo negro parecido al mío (Cuyo flequillo, más largo, le rozaba las cejas), la piel pálida sobre la que resaltaban sus ojos grisáceos, la cabeza que me sacaba y la capacidad de contestar a todo el mundo en monosílabos, James era, básicamente, una mezcla entre chico misterioso y tío duro, lo que a las internas... Encantaba. Y aunque el en un principio no quería ser ningún Don Juan, las chicas de Goldenfield le contaban los cotilleos a cambio de un par de sonrisas acarameladas y algún que otro susurrito, y a la Rata Jamie sólo le interesaba la información. Las 4 internas que lograran mayor número de información tenían el privilegio de sentarse con él a la hora de la comida, así que yo ya estaba acostumbrado a convivir con las pijas traficantes de droga, las ladronzuelas que saqueaban tiendas enteras de cosméticos y las que asesinaban a las zorras que osaban robarles el novio.
- Eh. Faltan Bárbara e Isabelle - comenté, con una nota de extrañeza en la voz.
- ¿Chicas? - James se dirigió a las 4 "fuentes" de hoy, y ante sus miradas sedientas de amor adolescente, bajó ligeramente las pestañas y esbozó una media sonrisa (con lo que las miradas empezaron a tener sed de algo más que de amor), y suspiró - Fuera. Tengo que hablar con Dan.
Esa era mi parte favorita: Cuando les daba largas con una sola palabra. Ellas se levantaron disgustadas, cogieron sus bandejas y se encaminaron hacia la lentísima cinta transportadora que comunicaba por un ventanuco con la cocina, para dejar allí sus raciones a medio comer de estofado gris.
- ¿En serio, Dan? ¿Has cabreado al FBI otra vez? Te dije que no hicieras gilipolleces. - Su tono monocorde se interpretaba según el brillo de sus ojos, y puedo asegurar que estaba absolutamente serio.
- Todo lo contrario. Han empezado un proyecto, y quieren a 4 internos sin contarme a mí para resolver crímenes. Quiero sacarte de aquí.
- Tienen que estar necesitados si piden gente del Instituto... ¿Qué tienes en mente? - Como siempre, la duda ofendía.
- Dime 3 personas útiles para resolver crímenes.
- Si te soy sincero, todos me lo parecen. Podríamos probar con Harry, es un buen comienzo, pero...
- ¿Quién es Harry?
- Tickles. Hacker. Un genio informático disfrazado de inocente niño de 11 años. Sus padres están condenados a cadena perpetua por obligarle a hackear bases de datos federales desde los 6.
- ¿Un genio? Perfecto. ¿Podemos conseguir que se una a nosotros?
- Vamos, Phantom, esa es tu parte - sonrió él. Phantom... Me lo pusieron porque, a parte de parecerme mucho al personaje y tener su nombre, podía convencer a cualquiera de cualquier cosa. Por eso James nunca me discutía nada: A parte de ser mi amigo, por mucho que se negara a algo, yo acabaría por lograr que hiciera lo que me diera la gana. - Ya he acabado. ¿Vamos a buscarlo?
Como la comida gris en general no me resultaba atractiva, mi estofado a medio comer se quedó así. Me levanté con él a dejar las bandejas y salimos por el pasillo que iba hacia el ala este: la zona de las celdas.
- ¿Qué tal? - suspiró tras un par de minutos de laberinticos pasillos.
- ¿Eh? - Fruncí el entrecejo, sin saber a qué se refería.
- Qué tal fuera, digo... - murmuró apesadumbrado: Estar encerrado desde la niñez en un reformatorio le resultaba muy duro, sobre todo ahora que yo le recordaba indirectamente que hay algo al otro lado de la valla.
- Bueno... La comida no es gris, pero el instituto es un asco. He tenido que madurar mucho, ahí fuera hay matones mucho menos delicados que los genios de Goldenfield... ¿Y qué tal de puertas para dentro?
- La verdad es que poco después de que te fueras llegó bastante gente... Mucha información nueva, ¿Sabes? Y las fuentes también maduraron, así que... Yo también tuve que hacerlo - Dijo, con un dje de incomodidad en la voz y sin apartar la mirada del suelo.
- Jay... ¿A qué te refieres? - inquirí, sabiendo perfectamente la respuesta.
- Digamos que los abracitos se quedaron atrás. Quería que lo supieras, pero prefiero no dar detalles... - A Jamie se le notaba la vergüenza hasta en los andares, y eso había que arreglarlo.
- Entonces...
- ¿Entonces?
- ¡ENTONCES YA FOLLAS, CAMPEÓN! - Exclamé entre risas, rodeándole el cuello con el brazo y frotándole la cabeza con los nudillos - Y yo no he dado un triste beso... ¿Sabes que por poco me expulsan de mi primer instituto por entrar en el vestuario de chicas como si tal cosa mientras se duchaban? - Comenté, soltándole.
- Joder, Dan, así normal que no ligues...
- Mira, Jay, no me toques los... - No pude terminar la frase, porque un chillido femenino dobló la esquina que teníamos delante y se agazapó detrás de James.
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Sí, lo sé, muerte en la hoguera. Por favor, no me odiéis, yo soy buena ;___;
¡PARA EL PRÓXIMO COMPENSO CON EL PERSONAJE QUE VIENE! Prometiiiido :3

sábado, 16 de marzo de 2013

Team Gunkids: Capítulo 2


Okis. A lo mejor este capítulo es más corto que el pito de una tía en comparación con el primero, pero la sustancia está en el siguiente capítulo y me he propuesto ser buena y no dejar mucho suspense. Espero que os guste, que al menos describo a Danny :3
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Sábado. Dulce regalo de los dioses, el sábado. Pero aquel no. Aquel sábado tenía que volver a Goldenfield para buscarme un equipo de 4 personas de mi edad. De 4 criminales, cada uno con un pasado peor que el anterior. Tendría que liderar de nuevo a un grupo de pequeños peligros, compenetrarlos y, esta vez, rehabilitarlos. Y si estaban en la situación en la que estuve yo al salir, con los protocolos impuestos a base de palizas y las ansias de venganza hacia todo lo vivo... Ese no iba a ser un buen sábado.
Una vez me duché y vestí con mi ropa de siempre (Sudadera, vaqueros y Vans), me metí en el baño a desarrollar mi pasatiempo favorito: Peinarme el flequillo.
Los profesores del instituto ya lo definían como un tic, las profesoras me llamaban presumido y a mis amigos les hacía gracia... Y la verdad es que yo jamás lo entendí: ¿Es que uno no tiene derecho a peinarse por ser chico? ¡Pues aquí donde lo ven, Daniel Forceman, con su piel tostada, sus ojos verdes y su SIEMPRE IMPECABLE pelo negro (Cuyo flequillo se rizaba en las puntas creando un "gracioso" tirabuzón), era el capitán del equipo de fútbol y ADEMÁS tenía una media de 8'75!
- ¡DAN, SI NO TE DAS PRISA TE LLEVO Y TE DEJO ALLÍ! - exclamó la voz del tío Bob desde la entrada, devolviéndome a aquel sábado que pintaba peor que un lunes.
- ¡Ya vooooy! - anuncié, esprintando pasillo adelante mientras sufría los calambrazos de mis agujetas del día anterior. Bajamos los 8 pisos que nos separaban de Picadilly, donde un amplio coche negro de cristales tintados nos esperaba.
- ¿Por qué todos los coches en los que subo tienen que ser negros y de cristales tintados? - inquirí en un susurro, mientras me abrochaba el cinturón.
- Porque sólo vas en coche a edificios estatales - respondió tío Bob.
Hacía un fantástico día para quedar con el equipo e ir al cine, pero bien pensado tampoco era tan horrible ir a Goldenfield: Podría ver de nuevo a todos los que me quitaron las ansias de matar a los doctores, charlar con James...
¡¡¡JAMES!!! NECESITABA A JAMES EN MI EQUIPO. Ese ladrón hacía pura magia con las cajas fuertes y las cámaras, y... ¿Para qué demonios iba a servir en el equipo? Bueno, eso daba igual: Si había que sacar a alguien de ese infierno era a James. Además, yo llevaba 6 meses fuera, por lo que no sabía nada de los ingresados ni de los que salieron, y James lo controlaba todo allí.
Así que cuando el coche se detuvo tras atravesar la enorme verja electrificada que separaba al resto del mundo del Instituto, ya sabía con quién tenía que ir a hablar.
Atravesé con paso ligero el empedrado rebosante de hierba marchita que llevaba hasta aquel enorme bloque de hormigón, sin reparar en los 2 agentes que me hacían de sombra. Empujé la puerta metálica y el terrible hedor a sudor esterilizado me recordó de una bofetada lo doloroso que era estar en ese sitio y ser el causante del tenue olor a sangre que sólo los presos recordábamos. Consulté mi reloj: "Las 13:32", debían estar sirviendo la comida.
No me molesté en preguntar a los agentes lo que podía o no hacer: el Instituto siempre había sido mi territorio, y las únicas reglas eran huir de las palizas y no delatar a nadie. Me acerqué hasta un almacén y me serví: Mono naranja de preso, talla M y botas de preso, talla 40.
Aproveché para fijarme en las caras de los agentes, que parecían sorprendidos.
"Claro, ellos nunca han visto lo que pasaba cuando un externado venía de visita a regodearse en su libertad".
Unas palizas bien bonitas, las que se llevaban. El caso, me acerqué con paso decidido al comedor, y empujé las anodinas puertas de grasientas ventanas enrejadas. No me molestó que todos me miraran, esbozando sonrisas y ceños fruncidos. Ni siquiera me importaron los susurros que levanté.
"Danny is in the house".
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Pues eso, poquito pero interesante (O a lo mejor ni eso). El próximo lo compensa, prometido ;)

sábado, 9 de marzo de 2013

Team Gunkids: Capítulo 1

ATENCIÓN: SI NO LA HABÉIS LEÍDO YA, OS RECOMIENDO QUE MIRÉIS LA ENTRADA ANTERIOR, EN LA QUE ESTÁ LA PRESENTACIÓN DE LA HISTORIA. AHÍ SABRÉIS CÓMO VA A IR ESTO. Comentad si os gusta, y criticad por comentario si no ;)
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Ya eran casi las 9 cuando llegué a casa. El entrenamiento de aquel día me fatigó como pocos en mucho tiempo. Bajé del viejo ascensor a tono con el resto del edificio y abrí la puerta del piso con la llave que había bajo el felpudo.
Hasta con la terrible peste a sudor que desprendía, el penetrante aroma a libros encuadernados en cuero y a madera de roble me envolvió al entrar: El olor del hogar.
Atravesé con paso pesado la entrada y me encaminé por el pasillo lateral a mi cuarto, dejando caer mi bolsa junto con el resto de mi moribundo cuerpo sobre la cama. "Mis piernas no volverán jamás a ser lo mismo", pensé con un suspiro.
Cuando me dejaron de palpitar las sienes, me di cuenta de que el tío Bob estaba hablando con alguien en la otra punta de la casa, en el estudio... Alguien familiar, me sonaba su voz de haberle contestado al teléfono: debía ser el jefe del departamento de tío Bob.
Estaban teniendo una discusión; No era una discusión acalorada, de gritos y golpes a los muebles, era una de esas tensas conversaciones en las que ambos sujetos estaban entre la espada y la pared.
Me descalcé sigilosamente y, en calcetines, me deslicé por el pasillo esquivando las tablas del suelo que crujían, sacando la habilidad espía de las pocas fuerzas que me quedaban. Atravesé de nuevo la entrada, esta vez para penetrar en el salón, y giré hacia la puerta entreabierta del estudio. Me encaramé a ella y afiné el oído:
- Vamos, Robert, ambos lo sabemos: Cada vez surgen más casos y más graves, el FBI ya no da abasto... - ¿Casos graves? Si el jefe del departamento criminal de FBI hablaba de "Casos graves", era hora de echarse a temblar. Pero yo ya estaba acostumbrado a eso.
- Alfred, sabes tan bien como yo que estas cosas siempre han ocurrido: Lo que hay que hacer es aplazar los casos de menor importancia y...
- ¡Por favor, Bob! De hombre a hombre, ¿Cómo determinas qué asesinatos son más graves que otros? ¡La única solución son más equipos! La plantilla del FBI es cada vez menor en proporción a la de criminales...
- ¿Y de dónde quiere sacar el señor más equipos? ¿De la manga? - El tío Bob estaba utilizando las fórmulas de cortesía con el sarcasmo fruto de la ira que tanto envidiaba de él. Oí el chasquido de cuando agitaba la muñeca en la que tenía el reloj, antes de que suspirara - No sé si lo sabes, pero yo tengo mis propios problemas en casa para que me vengas con los tuyos, mi sobrino debe haber llegado ya. Será mejor que te marches, Alfred.
- De acuerdo, pero prométeme que pensarás en la forma de crear más equipos, aunque sólo sea uno... - imploró secamente el señor Alfred antes de que el chirrido del sillón contra el suelo me hiciera reaccionar: Corrí tan silenciosamente como pude hacia el sofá y encendí la televisión. A penas 5 segundos después de zambullirme entre los cojines beige, la puerta del estudio se abrió del todo y un corpulento hombre de pelo ceniciento y ojos castaños rodeados por oscuras bolsas cargadas de sueño salió de la estancia.
- Ah, buenas noches, Daniel - Saludó educadamente.
- Buenas noches, señor - respondí, irguiendo la espalda sin levantarme.
El tío Bob le acompañó a la puerta, y se despidieron con un apretón de manos.
Tras cerrar la puerta, el tío Bob se sentó en la mesa de café, quitando mis pies de encima y tapándome la televisión:
- ¿Cuánto has oído?
- A partir de que los crímenes son más y más graves. ¿Cómo lo averiguaste esta vez?
Él soltó una carcajada ante mi sonrisa de insatisfacción.
- Al salir, las sudorosas huellas de tus calcetines me hicieron resbalar un poco... ¿Tú que opinas al respecto?
- ... ¿Puedo decir lo que pienso, señor? - Recité, siguiendo el protocolo que me impusieron antes de vivir con él.
- Sabes que mientras no haya civiles delante, puedes amenazarme con mis propias armas mientras no las dispares - sonrió. Por primera vez, me fijé en lo joven que parecía, con su edad. Tenía el pelo avellana formando pequeños bucles, y sus ojos castaños brillaban siempre tanto que podrían confundirse con los de un niño. Se le confundiría a él entero de no ser por la sombra de su barba siempre afeitada y porque medir 1'85 y pesar 90 kilos de pesas y entrenamientos siempre fue impropio en un niño, aunque normal en un agente del FBI.
- Pienso que realmente tú no tienes problemas en casa, tío Bob. Tienes un sueldo suficientemente generoso para mantenernos a ambos en un lujoso piso del centro de Londres, por no hablar de la pensión que recibo yo...
- No me refería a problemas económicos, Dan.
- Pues si yo puedo ayudarte en algo, sólo tienes que pedírmelo... - susurré.
- Ahora que lo dices... Ven al estudio.
Le seguí a aquella habitación alfombrada en un sobrio tono granate, cuyas paredes revestidas de estanterías rebosaban archivos de la policía y libros de consulta. Me indicó que me sentara en el sillón frente al escritorio y él se acomodó en el que había tras él.
- Daniel Forceman.
- ¿Sí, Robert Forceman? - bromeé. Pero él no sonrió.
- ¿Sabes por qué estás en este escritorio, en esta casa, ahora mismo? - Estupendo. Yo ya me sabía este sermón, y se titulaba "Danny ha vuelto a liarla".
- Sí.
- ¿Y sabes por qué estas conmigo en lugar de con tus padres?
- Sí.
- Muy bien. Daniel, cuéntame tu historia.
- Me llamo Daniel Forceman. Nací en Kent el 26 de marzo de 1997. Vivía allí con mis padres, que me querían mucho. Pero los defraudé tanto que se volvieron locos.
- ¿Y cómo lo hiciste?
- Tío Bob, ¿De verdad tenemos que repetir esto? ¿Qué he hecho esta vez?
- Tú continúa.
- Me empecé a mezclar con quien no debía, y a los 9 años me convertí en el líder de una banda de delincuentes de mi edad. Delincuentes que atracaban joyerías por las noches, mataban gente y traficaban con drogas.
- ¿Y cómo has llegado hasta aquí?
- Hace 4 años, nos pillaron. A algunos los ingresaron en diversos centros de menores, a otros los deportaron... Y yo tuve suerte.
- ¿Por qué dices eso?
- ¡Tío Bob, ambos nos sabemos tan bien la historia que podríamos intercambiar los papeles!
- ¡Ya verás a dónde quiero llegar!
- ... A mí me delataron como el líder, e iba a ser el primer menor condenado a muerte, pero el FBI intercedió. Estaban trabajando en un centro de menores para casos especiales, el Instituto Goldenfield, así que tras hacerme las pruebas que confirmaban que era una especie de genio del mal y que yo no me había drogado, me ingresaron. Hace 6 meses que tú, Robert Forceman, solicitaste mi tutela legal alegando que ya estaba recuperado.
- ... ¿Cuántas veces te he hecho decirme esto?
- Con esta van 13. Una cada vez que cometí un delito.
- Desde acoso psicológico a hurto menor...
- ¡NO SÉ LIGAR, ¿VALE?! Y lo de la tienda de gominolas de Mrs. Smith...
- Dejando eso aparte, ¿Sabes por qué te lo he pedido esta vez?
- ¿Porque vas a mandarme de vuelta a Goldenfield? Si vas a hacerlo, quiero alitas de pollo cada sábado.
- ¡DAN! ¡USA LA CABEZA! ¿Qué le pasa al FBI?
- Que están con el agua al cuello económicamente, tienen pocos trabjadores, mala reputación...
- Tú lo has dicho, pocos trabajadores.
- Espeeeeeera... ¿PRETENDES METER A UN ADOLESCENTE PELIGROSAMENTE CONFLICTIVO Y A MEDIO REHABILITAR CUYO EXPEDIENTE PENAL ES MÁS LARGO QUE SU LIBRO DE FAMILIA EN EL FBI?
- A ese y a otros 4 que tú elijas. ¿Qué mejor que un equipo de criminales experimentados pero corregibles para barrer a los demás?

PRESENTACIÓN: Team Gunkids

Bueno, esto es un mal intento de presentación de lo que intentaré que sea una buena historia.
Esto va a ir de criminales, adolescentes, más de una explosión... No os esperéis una feliz historia llena de magia y felicidad infantil porque lo más parecido que encontraréis serán violaciones, hackeos y alguna que otra palabrota.
Al contrario que en el resto de mis historias, aquí lo más parecido a una personificación (un OC) será el parecido físico, que de todas formas no implica ninguna de las personificaciones mencionadas. Todos los personajes y situaciones son inventadas. Y está narrado por un chico. Y yo no soy un chico, ¿Entendido? Así me gusta :3
Disculpen tamaño de letra, fuente y demás, pero escribo desde el móvil porque mi ordenador carece de letra A. Espero que me leáis, porque estoy intentando escribir como una auténtica autora, así que no pondré emoticonos (Los saludos y despedidas no van a faltar, pero no tendrán que ver con el capítulo en sí, por no hablar de que seguiré con mis guioncitos estacionales, pensamientos inconscientes y demás, sólo que ahora la nueva categoría será esta historia)
¿Entendido todo? Pues con Dios ^^